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lunes, noviembre 30, 2020
OpiniónSalud

“YO ME QUEDO EN CASA”

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¡Nunca falta un borracho en una vela! (Adagio)

Mano a Mano, escrito por Juan Luis Hernández-Fuertes.

El mundo se convulsiona, ante un evento inesperado, de alcances dramáticos. La realidad abofetea indiscriminadamente. Se dice que los más mayores son las víctimas propiciatorias, pero las consecuencias las pagan todos; o quizás, unos más que otros. El ataque virulento es voraz, desbordante y alcanza límites insospechados. Como respuesta surgen por doquier teorías, proyecciones y decretos de ley, tendientes a buscar soluciones jamás antes pensadas.

El enemigo letal es conocido como coronavirus, pero la dogmática ciencia le llama Covid-19, como si se conocieran de toda la vida, cuando en realidad son auténticos desconocidos. Y lo peor es que seguirán siéndolo, al menos por un largo tiempo.

En tanto, la sociedad entera se pellizca, las fronteras se cierran, los fallecidos superan picos letales, ante tanta impotencia, por más esfuerzos que los de “la bata blanca” realizan. Son miles de ejércitos los que ayudan, cada uno en lo suyo y al máximo. Por calles y ciudades, sombras que caminan solitarias, si bien las camas hospitalarias son insuficientes.

Sin pausa, ni receso, las muertes golpean y conviene destacar que ni la II Guerra Mundial arrojaba tantas bajas. Y si bien lo hacían por una bandera, ahora ni se escucha un balazo.

En medio del caos, brotan derroches de solidaridad Se dictan alertas, cuarentenas, confinamientos y, en general, todo tipo de prohibiciones. Surgen lemas: “Quédate en casa” o “Yo me quedo en casa”. La esperanza y el positivismo en oración; mientras la displicencia e irresponsabilidad son reprochables, con mención especial para incrédulos e impresentables, que, impregnados de vulgaridad, se convierten en lacras sociales.

¡Toque de queda! Es Covid-19 contra todos. Hay que refugiarse en la trinchera del hogar, y… a esperar hasta nuevo aviso. Sin embargo, en pleno desaguisado, como rara avis, el gremio futbolero cree tener dispensa. Insensibles dirigentes organizan partidos “a puerta cerrada”; y a su vez, el goleador doméstico, en tierras cafeteras, declara: “No es para tanto. De por sí, no hay roce pues… las calles están vacías”. Obviamente, su talento en las patas. “Y como si fuéramos pocos, parió la abuela”: El jerarca, advenedizo, declara: “Si no quieren jugar, que lo digan y rescindimos el contrato”. Muestra de que “ni el sujeto podía llegar a más, ni el fútbol tan bajo, con semejante mezquindad”.

Y por su lado, de protagonista el indigno mediador, ocultando los cientos de miles de euros embolsados, a costa de una asociación falsa, con borceguíes robados, desde hace una década.

Fotografía propiedad de CNN.