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martes, enero 18, 2022
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Maradona, el jugador de fútbol que no podía dejar de serlo

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Recientemente se cumplió el primer aniversario de la muerte del astro argentino, una figura del fútbol que jamás podrá ser olvidada.

De Diego Armando Maradona se ha escrito y se ha dicho absolutamente de todo, tanto si eras su admirador o detractor, a nadie dejaba indiferente.

Como lo hicieron en otras épocas, otros mitos; Di Stéfano en los 50 , Pelé en los 60 o Johan Cruyff en los 70. Maradona marcó su liderazgo en su década que fueron los 80 e intentó seguir con su reinado en los 90, pero las circunstancias no le dejaron.

Entrar a valorar en él sus problemas personales con las adicciones y con las drogas me parece algo de mal gusto. Ya me lo parecía en vida y aún peor me lo parece después de fallecido. Pero lo que sí me parece interesante sobre él, es que nunca dejó de ser jugador de fútbol.

La pelota no se mancha y aunque todo lo que le rodeaba al mito, querían mancharla, él siguió siendo futbolista siempre. Él se expresaba con el balón y cuando no lo tenía e intentaba enfocar su vida a otros derroteros no le salía bien. Porque lo suyo era el balón y solo sabía utilizar un único lenguaje que era la pelota.

Intentó hablar de política, de la situación social en Argentina, del estilo de vida de las clases en latinoamérica, pero no consiguió expresarse con claridad, porque su expresión era con el balón.

El nunca tendría que haber hablado de marxismo, ni de Cuba ni de Fidel, porque políticamente había conseguido mucho más que mil tratados políticos, marcándole el mejor gol de la historia a los ingleses y devolver el orgullo a un pueblo hundido.

Maradona intentó ser más que un futbolista, como mito que se sabía. Pero no lo conseguía, porque el balón era su voz y su alma y sin él no era Diego. Cuando salía fumando puros o estando en platos de televisión con un smoking y una pajarita ajustadas, no era el MITO. Era una persona que quería adoptar un personaje que no era, porque él solo sabía hablar en la cancha y allí expresarse como un catedrático.

A Mozart, Vivaldi o Beethoven no podíamos pedirles que hablaran grandes discursos políticos porque donde dejaban su testimonio para la universalidad y para la vida era con su música. En el caso de Diego pasaba lo mismo, la universalidad de Diego estaba en su arte.

Me encantaría que los aficionados que le vieron jugar y los que nacerán le recuerden por los maravillosos goles, regates, controles que nos dejó. Por ser el regateador de Juan José en el Bernabéu, por ser el líder de un Nápoles irrepetible o simplemente por controlar una pelota de tenis , de golf o incluso una naranja como la mayor sencillez.

Por ser el líder eterno del gran pueblo argentino. Y sobre todo, por ser el jugador de fútbol que no podía dejar de serlo porque no comprendía su razón de ser sin ello.

Carlos Navio Villalobos
Colaborador de Diario Deportivo CR, radicado en Madrid-España.
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